Sobran los caminos de la vida

Por Pedro Pesatti

Una ruta nacional es una obra de infraestructura, pero es también -y, sobre todo- una
institución territorial mediante la cual la Nación se hace presente hasta en la región más
extrema y reconoce a sus habitantes como integrantes de una misma comunidad. Por ella
no circulan solo cargas y mercancías, sino también ambulancias, médicos, docentes,
estudiantes, familias, derechos y oportunidades. Evaluar el sistema vial con el único
criterio de la rentabilidad supone desconocer su función principal. Es la herramienta más
específica de integración territorial y federal. De allí la relevancia que le atribuimos.

Al constituir la Nación, las provincias no delegaron facultades para desentenderse unas
de otras, sino para crear un poder común capaz de sostener aquellos sistemas que
ninguna jurisdicción aislada puede garantizar en condiciones de igualdad. Eso es el
federalismo social. Una concepción que ocupó un lugar central en los debates de la
Convención Constituyente que sancionó la primera Constitución de Río Negro, en 1957.
Para el federalismo social no basta la mera distribución administrativa de competencias
entre la Nación y las provincias. Es necesario garantizar que vivir lejos de los grandes
centros no implique tener menos derechos ni contar, por ejemplo, con menos caminos.

El gobierno de Javier Milei intentó disolver la Dirección Nacional de Vialidad mediante el
decreto 461/2025. El Congreso rechazó la medida en ambas cámaras y la dejó sin efecto.
Sin embargo, el programa continúa por otras vías. El esquema oficial prevé concesionar
más de 9.000 kilómetros de rutas nacionales y, en 2026, nueve provincias quedaron
habilitadas para entregar en concesión, mediante el cobro de peajes, tramos nacionales
ubicados en sus territorios.

La institución sobrevivió, pero la concepción nacional del sistema vial continúa bajo
ataque.

Transferir una ruta sin transferir los recursos necesarios significa provincializar el costo,
privatizar la renta y condenar al abandono todo aquello que no resulte atractivo para un
concesionario. Los corredores con mayor tránsito podrán sostener un peaje. Los restantes
-precisamente aquellos que cumplen una función decisiva para comunicar las regiones
menos favorecidas- dependerán de presupuestos provinciales exhaustos y, al no contar
con fuentes específicas para financiar la ampliación y el mantenimiento de la red,
quedarán expuestos a la degradación que ya afecta a todo el sistema vial argentino.

Esta política revela el modelo económico que la inspira.

En una economía de enclave no hace falta integrar un país. Lo único relevante es
conectar el yacimiento, la mina, el campo o el pozo petrolero con el puerto de salida. Raúl
Prebisch, un economista al que nadie podría acusar de comunista, peronista o cosa por el
estilo, explicó tempranamente la lógica centro-periferia. Mientras los países centrales
concentran la industria, la tecnología y los beneficios del progreso técnico, la periferia
queda reducida a exportar materias primas y a reproducir pobreza. Milei convirtió aquella
advertencia en un programa de gobierno.

La Argentina, por otra parte, ya conoce esa geometría. La red ferroviaria del modelo
agroexportador enlazó las zonas de producción con el puerto de Buenos Aires y terminó
dibujando un país en forma de embudo. No organizaba el territorio según las necesidades
de sus habitantes, sino según las demandas del comercio británico. Fue el Estado el que

extendió las vías hasta provincias como la nuestra, y no la iniciativa privada, interesada
solamente en conectar las grandes estancias con el puerto.

Hoy esa misma lógica reaparece sobre el asfalto. Habrá rutas para sacar petróleo,
minerales, granos y carne. Habrá corredores eficientes entre los enclaves extractivos y las
terminales portuarias. Pero entre ambos extremos puede quedar un inmenso territorio
convertido en un vacío, con pueblos desconectados, economías regionales aisladas y
ciudadanos librados a su suerte.

Los caminos de la vida sobran. Milei no abandona las rutas porque carezca de un
proyecto.

Las abandona porque, en su modelo, sobra la mayoría de las rutas y, lo que resulta aún
más grave, también sobra la mayoría de los argentinos.

*Vicegobernador de Río Negro