Hace 20 años, la Argentina tomó la decisión transformadora de reconocer que niñas, niños y adolescentes tienen derecho a recibir Educación Sexual Integral (ESI). Pasaron dos décadas y todavía -y en muchas oportunidades- necesitamos explicar qué es y qué no es la ESI.
Vamos por partes: la ESI no es ideología. No busca “bajar línea” y decirles a nuestros chicos y chicas qué pensar, cómo vivir o qué decisiones tomar. Es todo lo contrario. La ESI brinda información y herramientas para que ellas y ellos puedan conocer, preguntar, decidir y cuidarse.
De eso se trata la ESI. Simple: que una niña pueda reconocer cuando alguien está vulnerando su intimidad y, más importante aún, que pueda contarlo. Que nuestros adolescentes tengan información para cuidar su salud. Que podamos hablar con naturalidad de consentimiento, respeto, vínculos saludables y prevención, mucha prevención. En definitiva, aprender que nada ni nadie puede obligarnos a hacer algo que no queremos. Punto.
La ESI también es escucha. Es generar espacios donde las preguntas puedan aparecer y donde haya adultos preparados y formados para acompañar con sus respuestas.
Asimismo, la ESI incluye e incorpora a las familias con mucho diálogo y escucha atenta. Porque no hay fórmulas mágicas, hay familias que conversan, que intentan instalar temas que tienen que ver con la prevención respecto de la sexualidad, los consumos u otros temas.
A 20 años nos encontramos ante una buena oportunidad para revisar y preguntarnos qué funcionó, qué necesitamos mejorar, qué nuevas realidades debemos incorporar y qué herramientas requieren hoy los docentes, las familias y, fundamentalmente, las chicas y chicos.
Es que el mundo en el que crecen cambió y también lo hicieron las formas de vincularse, comunicarse y acceder a la información. Frente a nuevas realidades, menos información jamás puede ser la respuesta responsable.
Queremos, fomentamos y necesitamos más diálogo, más escucha, más prevención y más herramientas para el cuidado.
Bienvenido el debate para siempre querer mejorar la ESI. Debemos hacerlo. Lo que no estoy dispuesta a hacer -y como sociedad no deberíamos ni pensarlo- es reducir esta herramienta a una discusión ideológica, perdiendo de vista su sentido más profundo.
Porque educar también es cuidar. Con información, prevención y para que nuestros chicos y chicas crezcan, se desarrollen y decidan con libertad, responsabilidad y cuidado.
Por Maricel Cévoli
Legisladora de JSRN
