A cuatro décadas de aquel anuncio que sacudió la historia argentina, la arquitecta y dirigente radical Elva Roulet revive el clima político, las expectativas y el impacto que generó la decisión del entonces presidente Raúl Alfonsín de trasladar la capital federal a Viedma.
Roulet no es una voz menor en aquel proceso: fue vicegobernadora de la provincia de Buenos Aires entre 1983 y 1987, durante la gestión de Alejandro Armendáriz, y una de las primeras mujeres en ocupar ese cargo en la Argentina .
“El anuncio fue un sacudón para todo el país, pero especialmente para nosotros”, recuerda. Corría 1986 cuando el gobierno nacional impulsó un proyecto tan ambicioso como disruptivo: descentralizar el poder político y promover el desarrollo del sur argentino mediante la creación de un nuevo distrito federal en la región Viedma–Carmen de Patagones.
Para quienes formaban parte de la vida política en ese momento, no se trataba simplemente de una decisión administrativa. “Había una idea de país detrás. No era traer edificios, era pensar otra Argentina posible”, señala Roulet, subrayando el carácter estratégico de la iniciativa.
El impacto en la comarca fue inmediato. Viedma comenzó a proyectarse en otra escala: planificación urbana, expectativas de inversión y una identidad en construcción que miraba al futuro con optimismo. “Se respiraba otra energía, la sensación concreta de que algo grande estaba por suceder”, agrega.
Sin embargo, el cambio de escenario político y económico terminó por diluir aquel impulso. Aunque el proyecto fue aprobado por el Congreso, nunca llegó a concretarse. “Quedó como una gran oportunidad truncada, pero también como una muestra de lo que puede pensarse cuando hay decisión política”, reflexiona.
A 40 años, la idea de la capital en Viedma sigue viva en la memoria colectiva. No solo como un episodio histórico, sino como un símbolo de desarrollo posible. Roulet lo sintetiza con claridad: “Fue un proyecto que nos hizo sentir protagonistas de la historia nacional”.
